A diferencia del Trastorno Sádico de la Personalidad, el Sadismo Sexual cuenta con un diagnóstico oficial en el DSM-IV.

La característica principal de este trastorno es que el individuo vive una intensa excitación sexual derivada de fantasías, impulsos sexuales o comportamientos que suponen actos reales en los que somete a una persona a un sufrimiento físico y psicológico. Este sufrimiento es lo que produce la excitación sexual.

Por ejemplo el asesino en serie Ian Brandy, registraba los gritos de dolor de los niños a los que estrangulaba y para después escuchar estas grabaciones previamente a mantener sexo con su amante.

El sadismo sexual es en la mayoría de los casos un trastorno crónico que empieza a manifestarse en la adolescencia o al principio de la edad adulta.

Las conductas asociadas al Sadismo Sexual se pueden expresar de distintas formas. Puede incluir el obligar a la víctima a decir palabras que tienen un significado especial para el sádico, normalmente con connotaciones denigrantes, o a realizar ciertos actos, pero también puede incluir el uso de métodos físicos como latigazos, golpes, quemaduras, estrangulación, cortes, mutilación y tortura. Su objetivo es aterrorizar y someter a la víctima.

Los pensamientos sexuales y fantasías sádicas son relativamente frecuentes entre la población general. En casos extremos el sadismo sexual puede derivar en asesinato, aunque muchos sádicos nunca han llegado a hacer daño físico a nadie.

Los estudios realizados sobre este trastorno indican que la mayoría de las personas que cumplen los criterios para el sadismo sexual nunca han hecho daño físico a nadie.

En alguno de los primeros estudios con falometría se observó que los sádicos sexuales, en comparación con violadores no sádicos, presentaban cambios desproporcionados en el pene al escuchar descripciones de violaciones.

Los individuos psicópatas evaluados con falometría, que tienen una clara preferencia por los estímulos desviados (en particular, aquellos referidos a prácticas sexuales con niños), la violación o la violencia no sexual, reincidían mucho más por crímenes contra la libertad sexual que el resto de delincuentes.

Estudiando determinados asesinos en serie que encajan a la perfección en este perfil podemos descubrir la relación existente entre la psicopatía, el sadismo y el asesinato en serie.

Dietz y otros profesionales, en 1990, hicieron una descripción de algunos casos extremos del sádico sexual o como ellos lo llamaron “el sádico libre de inhibiciones éticas, sociales o legales”, encontrando palabras de delincuentes como estas:

 El deseo de hacer daño no es lo esencial, lo importante es tener dominio total sobre la otra persona, convertirla en objeto indefenso de nuestra voluntad, convertirnos en dueños absolutos de esa persona, en su Dios, hacer con ella lo que queramos. Humillarla y esclavizarla son medios para conseguir ese fin, y el objetivo radical más importante es hacerla sufrir porque no existe mayor poder sobre una persona que el de inflingirle dolor para obligarle a padecer sufrimientos sin poder defenderse, este es el verdadero impulso sádico.

Stone lo describe como el “Síndrome del emperador romano”. El sádico que ejerce control supremo sobre sus víctimas, torturándolas, humillándolas, aterrorizándolas, para luego resucitarlas cuando casi están muertas, con el fin de someterlas a más torturas.

La gran mayoría de asesinos sádicos estudiados eran muy organizados y habían planeado sus crímenes cuidadosamente, además, estudiaban técnicas policiales para no ser detectados. Preparaban su equipo de tortura (cuartos de tortura, furgonetas insonorizadas con cerraduras especiales,…). Disponían de herramientas y materiales para deshacerse de los cuerpos de sus víctimas. Grababan el sufrimiento de éstas, para poder revivir sus experiencias y perfeccionar sus fantasías después de los asesinatos. Sin ninguna emoción o remordimiento cometían sus crímenes metódicamente.

Stone identifica cinco pasos que suelen seguir los asesinos sádicos con sus víctimas:

  1. Tiene la capacidad de identificar víctimas pasivas y vulnerables.
  2. Ganan la confianza de la víctima gracias a su encanto superficial.
  3. Persuaden a la víctima para que haga todo tipo de prácticas sexuales, como el bondage (práctica sexual sadomasoquista en la que uno de los participantes permanece atado), la participación en videos sexuales y el uso de consoladores.
  4. Retiran y aíslan progresivamente a la víctima de su familia y amigos; los celos y la posesión del otro son los métodos más utilizados para lograr el nivel de aislamiento deseado. También suelen subyugar más a sus víctimas dándoles sólo cantidades miserables de dinero para cubrir sus necesidades.
  5. La víctima se encuentra en un estado de total indefensión y, por ello, es incapaz de resistir los abusos físicos y psicológicos del sádico.

Según Hare es probable que exista una relación entre el sadismo sexual y la psicopatía. Entre los asesinos en serie esta relación parece ser más probable.

Entre los delincuentes sexuales adolescentes, la combinación psicopatía y excitación sexual desviada pueden ser importantes indicadores de una alta probabilidad de reincidencia.