Alcohol, Necrofilia y Canibalismo. 

Jeffrey Dahmer es sin duda uno de los asesinos en serie más famosos de la historia. Durante su adolescencia comenzó a tener ideas obsesivas de violencia y actos sexuales. Llegó un momento en el que comenzó a actuar dejándose llevar por estos pensamientos, sin importarle las repercusiones. Era muy reservado y cuidadoso. De esta forma, entre 1978 y 1991 mató a 17 hombres. Quizá lo aterrador en su historia no es la cifra, sino lo macabro de los métodos que utilizó. Asesinaba a personas que no quería perder. Al comérselas, de alguna forma éstas se volvían parte de él. El 22 de junio de 1991, las cámaras de la prensa y la gente se amontonan en la puerta de un edificio del norte de la ciudad de Milwaukee en Wisconsin. Cuando se encuentran las pruebas, las personas se percatan que habían estado conviviendo con un asesino en serie. En principio hubo cierto escepticismo, no solo de parte de los agentes de policía, también de parte de los vecinos que contemplaban desde las aceras. Los crímenes de Jeffrey Dahmer horrorizaron al mundo, convirtiéndolo en uno de los asesinos más infames de la historia.  

La historia Jeffrey Dahmer

El primer hijo de Lionel Dahmer y Joyce Flint, nació en Milwaukee el 21 de Mayo de 1960, justo antes de que sus padres cumplieran un año de casados. Lo llamaron Jeffrey. Su padre cuenta como fue una época muy feliz cuando Jeffrey nació, era un niño feliz y lleno de energía. Jeff se convirtió en un niño inteligente y cariñoso mientras su padre estudiaba para graduarse como químico. Era un niño entusiasta y extrovertido. Le encantaba correr, lucirse ante una cámara y le gustaba jugar con otros niños y relacionarse con ellos. También era un niño muy curioso, le gustaba tocar las cosas y conocer su textura. Parecía estar en sintonía con lo que le rodeaba. Quería saber lo que sucedía. También desarrolló una fascinación por los animales. A los cuatro años Jeff vio como su padre recogía huesos de animales que habían muerto debajo de la casa. Cuando los sacaba y los amontonaba para tirarlos, hacían como un sonido metálico. Jeffrey los volvía a tirar para ver como sonaban. Su padre lo veía como la curiosidad de un niño. Después de terminar sus estudios y obtener un doctorado en química, Lionel se mudó con su familia a Ohio, se reubicaron tres veces hasta establecerse en un terreno con casi un kilómetro cuadrado de bosque. Fue ahí cuando Lionel se dio cuenta que Jeff, antes tan sociable, se había vuelto tímido y retraído. Al parecer no podía socializar, no se le veía a gusto. Para cambiar los ánimos de Jeff, sus padres le dieron un perro, Frisky. Jeff lo adoraba. Él no se mostraba nervioso con los conocidos, con su perro o con el hijo del vecino, pero mostraba mucha timidez y sentimientos de inferioridad, lo que a sus padres preocupaba.

dahmer niño

Para los Dahmer, lo que Jeff necesitaba era sentirse más involucrado y lo dejaron elegir el nombre de su hermanito. Decidió que se llamaría David. Lionel también motivó a Jeff a realizar actividades donde tuviera contacto con otros niños, para interactuar con seres humanos. Durante los fines de semana, padre e hijo cultivaban verduras y cuidaban ovejas. Para conmemorar sus días de huerta, Jeff le dio a su padre una tarjeta pintada con un poema. Pintó al padre comiendo una mazorca y escribió: “Ni los calabacines ni las calabazas se comparan con un padre de pelo rizado. Este poema es de Jeff y te amaré hasta la muerte”. Cuando Jeff tenia diez años hospitalizaron a su madre para tratarla de ansiedad. El matrimonio de sus padres comenzó a derrumbarse.

Extraña fascinación por los animales

En su adolescencia le seguían fascinando los animales pequeños. Sentía curiosidad en saber cómo eran por dentro. Según se relata, en su infancia pescaba con unos amigos y los otros niños habían logrado pescar algo. Cuando Jeff cogió uno le abrió el vientre y se sintió fascinado por lo que vio en su interior. Para recolectar nuevos especímenes Jeff recorría las carreteras de Ohio con bolsas en búsqueda de animales atropellados. Luego los llevaba al patio trasero de la casa y los disecaba a escondidas entre los árboles. Para su padre, ese fue el momento en que su mente comenzó a caer en un precipicio. Y eso está asociado con su pubertad, época en la que uno desprende hormonas. Empezó a admirar las entrañas de los animales en ese momento en el que se estaba desarrollando su sexualidad. El Jeff adolescente estaba descubriendo que solo sentía atracción sexual por los hombres, pero sus fantasías de relaciones sexuales se entremezclaron con otras de asesinar y desmembrar. “Creo que fue cuando tenía entre 14 y 15 años cuando comencé a tener pensamientos obsesivos de violencia, mezclados con relaciones sexuales. Y fueron cada vez peores. No sabía como decírselo a nadie así que me lo guardé”. Una de sus fantasías era acostarse al lado de un hombre inconsciente. Por primera vez, Jeff cruzaba la frontera de lo imaginado y entraba en acción. Ideó un plan: dejar inconsciente con un bate a un corredor que entrenaba por las cercanías y acostarse a su lado. Pero el día que decidió atacar, la víctima no pasó. Jeff abandonó la idea del bate.

Alcoholismo

Cuando Jeff comenzó la secundaria, sus fantasías sexuales lo traumatizaron. Para evadirse comenzó a beber. Camino a clase llenaba una taza con alcohol en la casa de un amigo. Su profesora recuerda que un día había estado sentada a su lado durante la primera clase de historia y el tenía una taza llena de whisky. Le preguntó qué era eso, y el respondió: es mi medicina. Era obvio que se embriagaba a las 8 de la mañana. En casa, Jeff veía como el matrimonio de sus padres se derrumbaba. Cuando las peleas entre ellos se hicieron más intensas él se ocultaba entre los árboles y golpeaba los troncos con varas. Escapaba y se preguntaba por qué tenían que tener una relación tan violenta.

El gracioso de la clase

Permaneció distante. Pocas cosas le interesaban y casi no tenía amigos. Aun así, parecía tener sentido del humor. Se forjó la reputación de ser el payaso de la clase. En la escuela cuando alguien se portaba de alguna manera extraña o impredecible, le decían que era un Dahmer. jeffrey dahmer escuelaDe repente se escuchaba a alguien corriendo por los pasillos y era Jeffrey que gritaba: ¡Simulacro de huracán, corran todos! En otra ocasión, en un centro comercial, una mujer estaba regalando pipas de girasol. Jeff cogía una y otra, muy educadamente como siempre y luego empezó a escupirlas gritando ¡Soy alérgico, soy alérgico! y se fue corriendo. Cuando tenía once años, hizo un viaje a la capital de los EEUU con los compañeros de clase, y dijo ¡Tengo una idea! ¡Visitemos al vicepresidente!, todos rieron y dijeron sí, claro. Fue a un teléfono público y llegó diciendo que en dos horas los iban a atender en las oficinas del vicepresidente. Sus hábiles palabras funcionaron y así fue. En el aula, Jeff era un ejemplo de estudiante modelo. Era muy educado con los adultos, se vestía muy bien, era muy respetuoso con los maestros, hacia las tareas, podía sacar las mejores notas si quería. Podía ser muy cortés y tener muy buenos modales con los profesores. Estaba perfeccionando su habilidad para engañar a figuras de autoridad, pero con el tiempo Jeff descuidó su rendimiento en la escuela. En realidad, nadie sabía lo que pasaba en su mente, no se lo contaba a nadie, no tenía amigos cercanos, y se había escabullido de su vida social. Era el mayor de secundaria. En la escuela era un alcohólico marginado, su conducta era tema de burla para otros estudiantes. No se relacionaba y no hablaba con la gente. Si uno no lo hace termina interiorizando mucho, digamos que fantaseando y luego creyendo que algunas de esas fantasías pueden ser reales.

Listo para actuar

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Jeff estaba listo para dar un paso, justo después de su graduación estaba preparado para matar a su primera víctima. Para Jeffrey Dahmer el verano de 1978 comenzó con la graduación de secundaria. A partir de ahí todo empeoró. Sus padres se divorciaron después de muchas peleas. El padre se mudó de la casa a un motel cercano. Sin que él lo supiera, la madre tomó al hermano pequeño y se mudó a Wisconsin. Jeffrey quedó solo en casa tratando de encarar la ruptura de sus padres. A él le dolía la separación y no quería decírselo a sus amigos de secundaria porque sentía vergüenza. Tenía 18 años y como la mayoría de los adolescentes tenia fantasías sexuales, pero éstas estaban un poco fuera de lo común. Quería matar a su amante y estar solo en casa sin su familia le dio la oportunidad de realizar sus fantasías.

La primera víctima

Apenas unas semanas después de la graduación, recogió a alguien en la carretera. Era Stephen Toumi de 19 años. Ojalá hubiese seguido, pero me detuve, di la vuelta y lo recogí, entonces fue cuando la pesadilla se volvió realidad”. Invitó al chico a la casa, tomaron cervezas y charlaron durante un par de horas. Llegó el momento en el que el chico dijo que tenía que irse, pero Jeff no quería estar solo. No quería que se fuera. Cogió una barra, lo golpeo en la cabeza y lo mató. Sabiendo que había cometido un asesinato, comenzó a ocultar la evidencia. Desmembró el cuerpo con un cuchillo, una habilidad que había practicado con los animales. Puso las partes en bolsas de basura y las cargó en el coche durante la noche. Se dirigía hacia un basurero cuando la policía lo detuvo por conducir sobre la línea divisoria. Cuando los oficiales le preguntaron qué había en las bolsas y que hacía a esa hora en la calle, Jeffrey dijo que era basura que debía llevar al vertedero. El oficial no abrió las bolsas. Dijo que había tensión en casa y un viaje al vertedero le servía para aclarar la mente, así que la policía lo dejo ir con una multa. Jeff volvió a casa atormentado por el recuerdo del asesinato. Ocultó los huesos bajo la casa durante dos semanas. Luego, los destruyó con un mazo. Detrás de la casa, Jeff caminó en círculo dejando caer los fragmentos entre las hojas y la maleza. El chico de 19 años que todos vean como un buen joven, desapareció de la faz de la tierra.

La preocupación de su padre

En agosto, el padre visitó la casa. Cuando Jeffrey le contó que su madre y su hermano se había ido, el padre decidió mudarse a la casa. Animó a Jeff a buscarse un empleo pero él no estaba interesado. primer arresto jeffrey dahmer Pasaba los días bebiendo e incluso una vez lo arrestaron por embriagarse en público. Lionel llevó a su hijo a sesiones de rehabilitación y orientación psicológica, que fueron muy poco útiles, nada podía borrar las imágenes de su primer asesinato, grabados en su mente. Solo el alcohol parecía aliviarlo. A finales de verano, Jeff aún no trabajaba. Su padre le propuso inscribirse a la universidad. Estuvo ebrio todo el primer trimestre. Vendía sangre a los bancos de sangre y gastó el dinero en cerveza. Como era de esperar, suspendió y volvió a casa. El padre le dijo que las puertas se estaban cerrando y le aconsejó que lo mejor era entrar en el ejército. Como con las demás decisiones que había sido tomadas para él, Jeff se involucró pasivamente. Después de terminar su entrenamiento básico, fue a un hospital del ejército en san Antonio, Texas, donde fue instruido como médico de campo. Allí aprendió más sobre anatomía humana. Fue una de las primeras veces que se emocionó y se mostró interesado por lo que estaba haciendo. Después de medio año en el ejército su cuerpo se había vuelto delgado y fuerte. Ya no solía ser tan tímido y apartado, sino extrovertido. Pero el cambio de humor fue temporal. El ejército lo envío por un periodo a Alemania, donde una vez más, Jeff comenzó a beber. Sus superiores se dieron cuenta y le dieron de baja antes de tiempo. Fue directamente a Miami Beach sin contactar a su familia. Trabajó en una tienda de bocadillos y vivía en un hotel. Cuando sus deudas no le permitían pagar el precio de la habitación dormía en la playa. Una noche se horrorizó cuando una enorme rata anduvo sobre él. Llamó a sus padres pidiéndoles dinero, y el padre le dijo que no le iban a enviar dinero, sino un billete de regreso a casa. “Lo vi en el aeropuerto y estaba sonriendo, pero al acercarme noté que no era una sonrisa de felicidad, sino de embriaguez”. Lionel intentó ayudar a su hijo alcohólico llevándolo a terapia pero una vez que lo dejaba en la clínica, él escapaba y se iba a pasear por la ciudad. Frustrado, Lionel envío a Jeffrey a vivir con su abuela, cerca de Milwaukee. Jeffrey mostró más apego por su abuela que por ninguna otra persona. Hubo cierto periodo de estabilidad cuando vivió en su casa. Hizo un esfuerzo por cambiar su vida. Dejó de beber, iba a la iglesia y luchó contra lo que él creía que eran impulsos homosexuales inmorales, que al final lo condujeron a sus inevitables fantasías de asesinato. Encontró un trabajo, primero en un banco de sangre, luego como mezclador de chocolate en una fábrica de dulces. Pero el estilo de vida de ir a la iglesia y vivir correctamente como él lo llamaba, no duraría mucho. Después de tres tranquilos años en casa de su abuela, Jeffrey se vio cara a cara con sus miedos.

Un momento crucial

En la biblioteca un hombre le dio una nota en la que le ofreció sexo. Dahmer se negó, pero luego dijo que la nota fue un momento crucial, le despertó sus profundos deseos sexuales. Quería la sumisa compañía de otro hombre, alguien que llenara sus deseos, aunque a la vez no quería cargar con las necesidades sexuales de nadie. Jeffrey comenzó con un compañero totalmente sumiso, robó un maniquí de una tienda. Guardó al hombre de plástico en su armario y lo sacaba para masturbarse sobre él. Ya experimentaba con idea de tener un compañero sexual que pudiera controlar totalmente. Su abuela encontró el maniquí e insistió a Jeffrey en que se deshiciera de él.

Diversión nocturna

En sus noches libres, Dahmer comenzó a explorar la vida gay en Milwaukee, mirando tiendas porno y visitando baños sauna. Estos eran un lugar de encuentro para hombres que buscaban sexo anónimamente. Para tornar sumisos a sus compañeros, les daba bebidas mezcladas con píldoras para dormir. El único modo en que en realidad podía estimularse y excitarse era si la otra persona no tenía voluntad. Cuando caían inconscientes se acostaba cerca de ellos a oír los sonidos de sus cuerpos, sus latidos, su digestión. Pero los experimentos con drogas acabaron cuando a uno de los hombres le dio una sobredosis y tuvo que pasar una semana en el hospital. A Jeffrey se le pidió no volver nunca más al club. Sin embargo, pronto descubrió los bares y discotecas gay de Milwaukee, que se convirtieron en sus sitios preferidos. Casi a los 30 años Jeffrey vivía en Milwaukee en casa de su abuela y recorría los sitios gays de la ciudad. Nadie imaginaba que este solitario de aspecto juvenil iba a convertirse en un asesino en serie. Dahmer podía encajar en cualquier grupo, y no daba la impresión de que estaba loco o que era un asesino en serie, por eso fue tan exitoso. No era un individuo repulsivo, y los clubes gay nocturnos de Milwaukee no eran la excepción. Se le consideraba dulce en la comunidad gay, la gente lo encontraba atractivo, había gente que decía que era el típico chico al que querías cuidar y mimar. Pero los hombres de Dahmer debían cumplir con ciertos requisitos. Escogió un tipo de cuerpo. Le gustaban los cuerpos esbeltos, delgados suaves y musculosos. No le importaba si era blanco, negro o amarillo… Si los encontraba atractivos, trataba de tenerlos.

La segunda víctima

En noviembre de 1987, Dahmer conoció a Steve Toumi, de 25 años, en un club del centro llamado 219. Después de unas bebidas fueron a pasar la noche en el hotel Ambassador. Dahmer empleó un viejo truco para que tumi estuviera en el estado sumiso que deseaba. Puso algunas píldoras para dormir en su bebida para dejarlo inconsciente y pasar la noche con él. Cuando despertó a la mañana siguiente, Jeff tenia moretones en los brazos, el chico también los tenía en el pecho, le salía sangre de la boca y su cuerpo colgaba del lado de la cama. “No recuerdo haberlo matado a golpes, pero seguro lo hice”. Dahmer no entró en pánico. Salió y compró la maleta más grande que encontró. En el hotel, metió el cuerpo en la maleta y llamó a un taxi. Cuando bajó la maleta, el taxista bromeando le comentó que seguro tenía un muerto dentro, y claro que lo tenía. Dahmer regresó a casa de su abuela y desmembró a Toumi en el sótano. Entonces su obsesión se desbordó.

“Me dejaré guiar por mis deseos”

Después de la segunda muerte, decidió que no iba a controlar más sus deseos, sino a dejar que estos lo controlaran a él. Iba a ceder completamente a ellos. Después de esto su vida se convirtió en la búsqueda absoluta del placer sexual. Regresó a los clubes con la intención de asesinar y masacrar a los hombres que recogiese. Conoció a Jamie Doxtator, un chico de 14 años en una parada de autobús fuera del club 219, le ofreció 50 dólares para acostarse con él. El joven aceptó. No tenía que raptar a la gente o capturar en contra de su voluntad. Jeffrey, como muchos asesinos en serie, era encantador. Los dos hombres tomaron el autobús hacia la casa de la abuela de Dahmer. Mientras ella dormía Jeffrey y el chico tuvieron sexo oral. Luego lo drogó y lo estranguló. Decía que nunca quería herir a nadie en ningún modo. Por eso los mataba estrangulándolos. Para él era el modo más humano. Con este chico, Dahmer exploró sus oscuras fantasías más a fondo. Ocultó el cuerpo en el sótano durante una semana y siguió teniendo sexo con él. La mayoría de los asesinos en serie tienen trastornos sexuales, pero Dahmer era distinto. Era un verdadero necrófilo. Intentaba tener sexo con una persona inconsciente o muerta. Una vez que el chico empezó a pudrirse, lo desmembró en el sótano cerca de una tubería de desagüe.

La tercera víctima

Dos meses después, Dahmer recogió a Richard Guerrero de 22 años en un bar de Milwaukee. Siguiendo su patrón común, lo drogó y lo estranguló. Pasó algunas horas con el cadáver antes de desmembrarlo y colocar las partes del cuerpo en bolsas de basura para que lo recogieran los basureros. La abuela de Jeffrey se encontraba molesta con él por sus trasnoches, por el maniquí de la habitación y ahora por los extraños olores del sótano. Es impactante vivir con alguien que parece cuidarte y cuya vida secreta en realidad es la de un asesino que descuartiza a hombres en el sótano. Su abuela le pidió que se mudara.

El verano de 1988

Dahmer alquiló un apartamento en el oeste de Milwaukee, y se volvió más enfermizo. Abordó en la calle a un chico de 13 años y lo llevó a su apartamento, pero Jeffrey asustó al chico al acariciarlo y este huyó. Dahmer fue condenado por cargos de agresión sexual en segundo grado por este hecho. Los asesinatos aún eran su secreto. Fue sentenciado a un año internado en régimen de semi libertad y a dormir en prisión todas las noches mientras seguía trabajando en la fábrica de chocolate. En los diez días antes de iniciar su sentencia, Dahmer atacó de nuevo. Conoció a Anthony Sears en un club y lo mató. Momificó la cabeza y los genitales y los guardó dentro de su taquilla en el trabajo. Lionel aún estaba preocupado por el alcoholismo de su hijo. Escribió al juez pidiendo que incluyera a Jeff en un programa para alcohólicos. Tenía sus dudas sobre el comportamiento de su hijo cuando estaba en la calle. Sin embargo, no se ordenó ningún programa y Jeffrey fue liberado con dos meses de anticipo.

De nuevo en libertad

Se mudó a otro vecindario pobre de Milwaukee. Encontró un apartamento económico cerca de los clubes gay. Solo de nuevo, era libre para alimentar sus enormes impulsos sexuales. A las tres semanas de estar libre, Dahmer inició un frenesí de un año de asesinatos. Escogía gente a la cual nadie iba a extrañar, gente que llevaba una vida arriesgada. Nadie notaba que estaban desapareciendo más de una decena de hombres. Los cuerpos no aparecían y no había un clima de miedo en la ciudad. Una vez que Jeffrey empezó a matar a diestro y siniestro, todos sus recursos financieros, tiempo, emociones y pensamientos, estaban designados a su mundo secreto de asesinar gente y quedarse con ellos. Jeffrey mató a 13 hombres durante ese periodo. Pero una víctima casi se escapó. Había drogado a Konerak Sinthasomphone, de 14 años, hermano del chico que había molestado un año antes. Mientas el chico dormía, salió a comprar alcohol, pero mientras estaba fuera, el adolescente despertó, salió de la casa y caminó mareado y desnudo por la calle. Un vecino preocupado llamó a emergencias. Cuando llegó la policía, Dahmer había regresado de comprar cerveza. Al igual que afrontó a la policía después de su primer asesinato, Dahmer mintió con tranquilidad. Dijo que el chico era su amante, que solo había bebido y que quería llevárselo a casa. Llevó a los policías a su apartamento y les mostró las fotografías que había tomado del adolescente como prueba de su relación. La policía creyó que el chico era mayor de edad y lo dejaron con Dahmer. Reportaron el incidente como una pelea amorosa. Tan pronto se fueron, asesinó al chico.

El apartamento del terror

Dentro del apartamento de Dahmer, la cuenta de cadáveres comenzó en aumento. Compró un contenedor de 215 litros y lo llenó con un potente ácido para disolver los miembros y torsos. Después de semanas en el ácido, los restos se volvían líquido. Luego los echaba por la bañera y el retrete. En otros casos quitaba la piel de los huesos hirviéndolos. Un inusual y fuerte olor a muerto comenzó a infestar el edificio, muchos inquilinos rastrearon los olores llegando directos a la puerta de Dahmer. Una vecina recuerda que le dijo a su marido: “¿por qué Jeffrey está cocinando, si nunca compraba comestibles? ¿Qué podía estar cocinado que olía a tripas de cerdo? Tienen un olor peculiar.” Dahmer se sentía patológicamente solo, no soportaba que sus amantes lo dejaran incluso después de muertos. Desmembraba a sus víctimas y también tomaba fotografías de ellos en varias fases del descuartizamiento y las guardaba. También guardaba partes de sus víctimas como trofeo.

las víctimas de jeffrey dahmer

Macabros experimentos

“Una cosa condujo a la otra, cada vez seguía conductas más aferradas para satisfacer mis impulsos”.  Trazó un plan para construir un santuario de esqueletos y cráneos, pero aún estaba en la búsqueda del compañero perfecto. Uno que fuera completamente sumiso, pero vivo y no proclive a pudrirse. En algunas víctimas aún con vida, Dahmer usó un taladro para abrir pequeños agujeros en sus cráneos e inyectarles ácido a sus cerebros. Quería conservarlos con él, de un modo que no pudieran mover el cuerpo ni hablar. Según Dahmer, ninguno de sus zombies experimentales vivió más de un día. Quizá en su último esfuerzo para conservar a sus víctimas con él, comenzó a comer su carne. “Me hizo sentir como su fuesen una parte permanente de mí, además la sola curiosidad de saber cómo sería me hacía sentir que era una parte de mí y me daba satisfacción sexual al hacerlo”. En todo este año de asesinatos despiadados, Dahmer aún conservaba una apariencia normal. Sorprende como un ser humano puede ocultar otra forma de ser. Aunque parecía normal ante aquellos cercanos a él, su vida secreta estaba por ser expuesta.

Dejó de ser un secreto

apartamento jeffrey dahmer

En junio de 1991 la ciudad de Milwaukee descubrió a un asesino en serie. Jeffrey Dahmer de 31 años. Un hombre, Tracy Edwards logró escapar de los horrores del apartamento de Dahmer  y detuvo a una patrulla policial que pasaba. Cuando los oficiales entraron en la casa, encontraron 83 fotografías de cuerpos en varias fases de desmembramiento. Algo más impactante hallaron en la cocina, la cabeza de una de las víctimas en el refrigerador y otras partes en el congelador. Uno de los oficiales dijo que abrió el congelador y oyó un grito, luego se dio cuenta de que había sido él mismo. Las cámaras de los periodistas grababan lo que quedó de las víctimas. Un contenedor de 215 litros con los torsos de tres hombres, un congelador con miembros y carne descuartizada y envases de metal con manos y genitales momificados. Afirman los vecinos que fue una noche espantosa, porque no podían creer que guardara esas cosas y que nadie se diera cuenta. Esta vez Dahmer no podía mentir.

Su aterradora confesión

En la comisaría, los agentes comenzaron un largo interrogatorio. En un primer momento Dahmer culpó a la bebida y dijo que nunca habría sido capturado si no hubiese estado ebrio. Ahora estaba notablemente asustado. Tenía una mirada de terror e histeria en la sala de interrogatorio aquella noche mientras iba saliendo de su ebriedad y se fue dando cuenta que todo había acabado. Lo habían capturado. Una vez que Dahmer estuvo sobrio, nadie podría imaginar los horripilantes detalles que narraría. Dijo al agente, “cuando te diga lo que te voy a decir serás famoso”. El respondió que no había nada que pudiera decirle para alterarlo, luego se rio y dijo: “tú no sabes lo que he hecho”. Dahmer pasó las siguientes seis semanas con los inspectores, narrando el asesinato de 17 hombres en 159 páginas de confesiones. Parecía estar desahogándose con la confesión de sus últimos 13 años. Con la información de su confesión, los investigadores fueron a la casa de la infancia de Dahmer, donde consiguieron los huesos destrozados de Steven Toumi, la primera víctima. El médico forense del condado de Milwaukee comenzó a juntar los cráneos con los torsos y la policía empezó la triste noticia de notificar a las familias.

¿Demente o consciente?

Dahmer se declaró culpable pero demente. El tema de su salud mental fue lo que prevaleció durante el juicio. Dado que Wisconsin no tiene pena de muerte, si el jurado lo declaraba cuerdo, debería pasar el resto de su vida en prisión. Si lo declaraba demente lo habrían recluido en un sanatorio. El mismo Dahmer no podía entender por qué disfrutaba al asesinar. Él pensaba que era tan malvado que era igual al diablo. Sabía que había algo malo en él pero no sabía qué. Sin embargo, nunca se calificó como demente. El hombre que entró en el tribunal de Milwaukee en enero de 1992 parecía totalmente normal, hasta que las palabras de su confesión fueron leídas en la corte. El padre de Dahmer se sentó en el tribunal junto a su segunda esposa, pasmado ante lo que escuchaba. “Nadie nos preparó para el golpe, cómo podía ser, cómo es que yo no sabía nada”. jeffrey dahmer periodicosAunque los crímenes de Dahmer eran horripilantes, el país estaba fascinado. La fascinación con el juicio fue increíble. Era sábado y había una exposición de coches cerca, las familias pasaban luego por el juzgado para poder ver al asesino en serie. Los crímenes de Dahmer parecían ser pruebas abrumadoras de demencia. Qué más podía explicar un hombre que tenía sexo con los muertos, que los descuartizaba y comía su carne, todo para obtener satisfacción sexual. Pero la ley tiene una interpretación muy estricta de demencia. El equipo de defensa de Dahmer tenía que probar dos cosas, que padecía una enfermedad mental y que eso no lo dejaba distinguir entre lo bueno y lo malo. La necrofilia, una compulsión de tener sexo con personas muertas, se reconoce como un trastorno sexual, pero eso no hace a alguien legalmente demente.

La condena

DahmerÉl argumentaba que el impulso necrófilo era tal que no podía controlarlo. Pero eso no se acepta en Estados Unidos como defensa. En una decisión de 10 a 2, el jurado declaró a Dahmer como legalmente cuerdo. Algunos familiares se sintieron calmados en la corte y otros lloraron. Antes de su sentencia, se les dejó expresarse ante el juez. Gritaron, lo insultaron, intentaron agredirlo. Él quedo impasible. Luego habló públicamente por primera vez. Pidió disculpas, pero muchos cuestionaron la sinceridad de su arrepentimiento y si una persona que mataba así continuamente tenía conciencia para sentir remordimiento. El juez condenó a Dahmer a 937 años de prisión, aunque al final fueron pocos años de tormento.

El lugar final de Dahmer fue la institución de Columbia, en Wisconsin. Su anterior residencia, los departamentos Oxford en Milwaukee, quedaron como un recordatorio doloroso de las vidas que quedaron allí. En noviembre de 1992 fueron demolidos.

Sus días en prisión

En su celda, a los 32 años, la vida de Dahmer se volvió una introspección conflictiva, en la que intentaba aclarar la culpa de su naturaleza asesina y buscaba el perdón divino. Había pasado tiempo en la iglesia cuando era pequeño y con su abuela cuando era adulto, pero había perdido su religión durante su periodo como asesino. Dahmer culpó de sus asesinatos a sus tendencias ateas y a la teoría de la evolución. Decía, si todo pasa de modo natural, para qué necesitamos a Dios, yo puedo fijar mis propias reglas, me pertenezco a mí mismo. Pero a la vez se compadecía pues siempre estaba deseando culpar al diablo por haberse apoderado de su alma. Al asesino ahora le preocupaba lo que le iba a pasar cuando muriese. Así, decidió que quería ser bautizado. En abril de 1994 tuvo un encuentro con el sacerdote de la prisión y un mes después se bautizó en una piscina. Al parecer, Dahmer estaba realizando una notable transformación en prisión. Se mostraba interesado y preocupado por el bienestar de su familia, ayudaba en lo que podía, se estaba volviendo a humanizar. Pero las oscuras fantasías de caza permanecían con Dahmer. Admitió en prisión que la compulsión nunca lo dejó, aún estaba obligado a matar. Aún tenía ese deseo de matar, incluso dentro de los muros de la prisión. “Probablemente tendré que vivir con eso el resto de mi vida, ojalá se fuese, ojalá hubiese algún modo de deshacerme por completo de los pensamientos y sentimientos compulsivos.” Theresa Smith visitó a Dahmer en prisión, había matado a su hermano Eddie. Lo primero que hizo cuando llegó fue disculparse por matarlo. Ella le preguntó por qué él, y le respondió que vio el modo en que Eddie bailaba, que le gusto como se veía, y que le atraía. Dijo que lo estranguló y que intentaba un nuevo experimento para conservar el cráneo y el cuerpo per no funcionó, por eso tuvo que destruirlo.

Ahora el blanco era él

Dhamer había pasado toda su vida adulta siendo depredador, pero ahora en prisión se volvió la presa. Ahora el infame asesino en serie era el blanco de otros internos. En agosto de 1994, fue atacado en la capilla de la prisión con un cuchillo improvisado, pero sobrevivió. Sin embargo, el 28 de noviembre de 1994 el interno Christopher Scarver, un esquizofrénico afroamericano, que se hacía llamar a sí mismo Cristo, atacó a Jeffrey con una barra de metal del gimnasio de la prisión, Dahmer murió de camino al hospital. Querían matarlo desde que entró en prisión, por lo que a nadie le sorprendió. Entre sus últimos deseos Dahmer había pedido ser cremado y que sus padres se repartieran las cenizas. ”No quiero lápida, ni sepultura, ni funeral, yo quiero ser erradicado”.

el cadaver de jeffrey dahmer

En 1996 la ciudad de Milwaukee recaudó más de medio millón de dólares para comprar la horripilante colección de herramientas y fotografías de Dahmer temiendo que los objetos pudieran usarse para crear un museo del asesino y quemaron las posesiones. Aunque quedaron pocos recordatorios físicos, la vida y los crimines de Dahmer, se volvieron leyenda. En el año 2002 el director David Jacobson estrenó “Dahmer”, una película basada en la vida de Jeffrey. El director esperaba mostrar al público el lado normal del asesino. Quería mostrar su humanidad para acercarlo a todos. Los crimines sorprendieron a todo el mundo, pero el motivo detrás de ellos es lo que continúa fascinando. Un misterio que nunca se resolverá, incluso si viviese, no se sabe si se hubiera sabido que lo motivaba, solo habría hipótesis. Lo inquietante de este caso para la gente es que queremos saber quiénes son estas personas y ser capaces de descubrir quiénes son, y saber cuándo están caminando entre nosotros, pero no debemos saber quiénes son, esa es la lección de Jeffrey. Conoce algunas de las frases de Jeffrey Dahmer en este artículo.