La masacre de Olot

La mañana del 15 de diciembre de 2010, en el municipio de Olot (Gerona), un hombre entró armado en un bar y mató dos empresarios de la construcción (sus jefes). A continuación se dirigió a una sucursal del banco Caja de Ahorros del Mediterráneo «CAM» y mató a dos empleados. Seguidamente se entregó a la Policía Local afirmando: «He matado a cuatro personas. Ahora me he quedado más tranquilo. He hecho lo que tenía que hacer».

Más tarde también confesó que pensaba asesinar a dos personas más, pero que no las encontró durante esa mañana. Se trataba del dueño del bar y otro trabajador de su empresa.

Este asesinato múltiple fue cometido por Pere Puig, conocido en su barrio como el Sheriff de Olot.

 

El Sheriff de Olot

Pere Puig Puntí tenía 57 años en el momento en que cometió los hechos. Era soltero y vivía con su padre de 86 años. Trabajó durante más de 20 años como albañil en la empresa de sus dos primeras víctimas.

Los vecinos afirmaron que le gustaba tener una imagen de hombre callado pero que sabía desenvolverse. Era considerado «extraño y solitario». Una mujer declaró: «Lo más raro es la forma de vestirse, siempre iba con ropa de camuflaje, como la que usan los cazadores o militares».

Otros vecinos de la localidad relataron que muchos días paseaba por las calles de Olot con un sombrero, una estrella en el pecho y una pistola de juguete, disfrazado de «Sheriff».

“Me llaman el Rambo porque suelo ir vestido de cazador. Pero yo les digo que soy el Sheriff del condado”. Afirmó en el juzgado, una vez detenido.

El tirador de Olot Modus operandi

 

Los hechos

El 15 de diciembre, Pere Puig entró en el bar «La Cuina de l’Anna». Allí se encontraban desayunando los propietarios de la empresa de construcción para la que trabajaba que eran padre e hijo. Disparó a ambos, matándolos en el acto.

Salió del restaurante y se trasladó en su coche a toda velocidad a la sucursal de la CAM. Entró en la oficina y, armado con el mismo rifle y la misma decisión, disparó mortalmente a dos empleados.

Puig había dejado su vehículo aparcado en doble fila. Cuando salió de la sucursal la Policía Local se encontraba poniéndole una multa. Se dirigió a ellos, aún con el rifle en la mano pero apuntando al suelo, y se entregó: «He matado a cuatro personas. Ahora me he quedado más tranquilo».

Puig fue condenado a un total 60 años de prisión, 15 años por cada asesinato.

 

Las víctimas

Padre e hijo y propietarios de la empresa Construccions Tubert S.L.:

  • Joan Tubert, 62 años
  • Àngel Tubert, 35 años.

Empleados del banco Caja de Ahorros del Mediterráneo:

  • Anna Pujol, 56 años.
  • Rafael Turró, 46 años.

Las cuatro víctimas fallecieron en el acto, sin que los servicios de emergencia pudieran hacer nada para salvarles la vida.

Las otras dos personas que Puig planeaba matar esa misma mañana pero que por suerte no se encontraban en el bar eran:

  • Marcelino Barris, electricista que trabajaba en algunas ocasiones para la empresa de construcción. Esa mañana estaba de caza.
  • Guzmán Sánchez, dueño del bar. Estaba en el médico.

 

Modus operandi

Pere Puig mató a las cuatro víctimas con su rifle de caza. Durante días planificó los asesinatos y el día de los hechos actuó sin inmutarse.

Detalles de su Modus Operandi:

  • Método de aproximación a la víctima: Aprovecha que es conocido por las víctimas para acercarse con normalidad.
  • Método de control de la víctima: Por la velocidad con la que se cometieron los hechos, no fue necesario detener ni bloquear a ninguna de las víctimas.
  • Tipo de arma: Rifle de caza semi-automático Verney-Carron. La poseía legalmente. Había pasado los test psicotécnicos el mismo año que cometió los hechos.
  • Características del daño infligido a la víctima: Herida de bala mortal. Al constructor le disparó en el pecho y después a su hijo, matándolos instantáneamente.En el banco disparó dos veces a Turró y luego a Anna con un tiro a bocajarro en la cabeza.
  • Tiempo empleado en la comisión del delito: Apenas escasos minutos. Se acerca rápidamente a la víctimas, les dispara y se va.
  • Esfuerzos en ocultar la evidencia: Nulos.

 

La motivación

Cuando sucedieron los hechos, la primera hipótesis que se barajó fue una motivación económica. Pere Puig vivía solo y parecía tener deudas importantes y escasez de recursos para afrontarlas. En su círculo cercano contaba solo con su padre, de 86 años. Sin embargo poco después se descartó esta posibilidad, ya que se descubrió que disponía de 30.000€ en el banco.

 

Homicidio de los dueños de la constructora:

Puig declaró a la policía y al juez que «no llegaba a fin de mes». Según él la constructora para la que trabajaba le debía unos 2.300€ correspondientes a dos pagas extra. Además le había pagado con retraso su última nómina.

En un momento en el que el país atravesaba por una grave crisis económica, sus jefes le comunicaron que no podían seguir haciéndose cargo del pago de su sueldo, por lo que iba a ser despedido.

Ante el juez afirmó además otro impulso criminal que según dijo, «le amargaba la vida»: «Mi jefe estaba en mi cabeza, me dominaba como si fuera una serpiente».

Por fortuna en este escenario estaban ausentes otras dos personas que Puig planeaba matar esa misma mañana, el dueño del bar y el electricista de su empresa.

«Los quería matar porque me miraban mal, ponían mala cara, iban en mi contra. Si los hubiera encontrado, les habría disparado».

Después de estas afirmaciones podemos observar que el móvil de los disparos no fue únicamente económico, sino que Puig se sentía menospreciado o pensaba que estas personas le miraban mal o iban en contra de él. Estas conductas le turbaban en modo exagerado.

En diversas ocasiones manifestó: «Soy tonto y de pueblo, pero de mí no se ríe nadie».  Con esta afirmación revela los pensamientos que pasaban por su mente. Se sentía menospreciado y percibía que sus jefes le faltaban el respeto.

 

Homicidio de los empleados de banca

Pere Puig tenía una deuda de 5.500€ contraída con su tarjeta de crédito. Pensaba que la había saldado, porque durante unos meses estuvo pagando 180€. Sin embargo, los trabajadores le informaron de que lo que había pagado eran los intereses de la deuda.

Puig se sintió engañado y habló con el subdirector del banco y una empleada. Después de los asesinatos, afirmó que no le agradó cómo le habían tratado y que también por ese motivo decidió matarles.

 

Análisis forense

Sus palabras hacen parecer que pudiera tener ideas obsesivas o sufriera algo tipo de delirio, ideas delirantes de persecución y menosprecio:

  • «Mi jefe estaba en mi cabeza, me dominaba como si fuera una serpiente»
  • «Me miraban mal»
  • «Iban en mi contra»
  • «Soy tonto y de pueblo, pero de mí no se ríe nadie»

Sin embargo, los informes forenses y psiquiátricos determinaron que Pere Puig era «un hombre sano». No padecía problemas mentales relevantes, además tampoco tenía antecedentes psiquiátricos. No se constataron «ideas delirantes ni ningún otro síntoma psiquiátrico». No se detectó ninguna enfermedad mental y tampoco un trastorno de la personalidad.

Ante el tribunal, el psiquiatra que lo evaluó declaró: “Daba respuestas lógicas y razonadas. No detecté trastornos psicóticos ni brotes de esquizofrenia”.

De este modo, actuó por propia voluntad y con pleno conocimiento de lo que estaba haciendo. Así lo demostró en el momento de entregarse, poco después de cometer los asesinatos en la sucursal bancaria «he hecho lo que tenía que hacer».

Admitió: «Lo había pensado otras veces, pero al día siguiente se me quitaba de la cabeza». El miércoles «me levanté con la misma idea. Y decidí actuar».

 

Conclusiones

El tiroteo de Olot está clasificado dentro de los llamados «asesinatos múltiples o en masa». Este tipo de crímenes muchas veces constituyen actos de venganza. Además, las personas del entorno de quien las comete no habrían nunca imaginado que sería capaz de semejante episodio. Efectivamente así fue en el caso de Puig.

Su sentimiento de sentirse faltado al respeto provocó que quisiera vengarse de las personas que se lo faltaban. Los pensamientos que recorrían su mente no le dejaban vivir tranquilo y aún consciente de que matar no era una solución que representase «el bien», decidió hacerlo para así calmar ese sentimiento que le provocaba desasosiego y proteger su imagen dañada. De hecho así lo afirmó: «Me he quedado tranquilo».

Después de conocer que era enfermo de cáncer, mientras cumplía condena, escribió una carta de arrepentimiento dividida en dos partes. Una estaba escrita en castellano y estaba dirigida a la Audiencia de Girona. La otra parte estaba redactada en catalán y estaba destinada a los familiares de las víctimas. «Lo siento mucho» estaba escrito entre sus palabras de arrepentimiento.

Pere Puig cumplía condena en el hospital penitenciario de Terrassa (Barcelona). Enfermo de cáncer, falleció el 26 de junio de 2018.