Frases de Edmund Kemper: el asesino de colegialas

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En la década de 1970 una serie de asesinatos conmocionaron el norte de California. Estudiantes universitarias que hacía autostop empezaron a desaparecer. La madre de Kemper trabajaba como secretaria administrativa en la Universidad de California, por lo que tenía total libertad de acceso a sus víctimas.

En 1984, ya en reclusión, concedió una entrevista de la que hemos extraído las mejores frases de Edmund Kemper.

No soy un experto, tampoco una autoridad. Soy alguien que ha sido un asesino por casi 20 años.

Cuando le preguntaron: ¿Podrías decir cuántas personas podrían estar cometiendo crímenes como los que has hecho?

Seria una suposición, pero son mucho más de 35. No es tan imposible en esta sociedad. Sucede. Yo lo hice, vine del rechazo, y lo que quiero decir es que hay gente que prefiere vivir en el rechazo.

¿Qué es lo que veía la gente?

A un buen tipo.

¿Fuiste capaz de parecer como una persona común y corriente sin amenazar?

Viví como una persona ordinaria la mayor parte de mi vida. Incluso pensé que estaba viviendo una vida paralela cada vez más retorcida. Otra vida.

Una víctima me dejó volver entrar al auto. Me quedé fuera. Ella me abrió la puerta. Mi pistola estaba bajo el asiento. ¿Qué demonios hago diciéndote esto? ¿Estoy viendo… soy un masoquista que se ve? ¿Estoy buscando que me presten atención? ¿O tratando de mostrarte lo horrible que se ha vuelto esta furia?

Estaba furioso por dentro, dentro existían energías increíbles, positivas y negativas, dependiendo de mi estado de ánimo que desencadenaba uno tras otro. Y por fuera me veía perturbado algunas veces. Otras veces me veía malhumorado, otras totalmente sereno, no tan cuerdo. Y de nuevo la gente no estaba al tanto de lo que ocurría.

¿Estabas relacionado con el campus porque tu madre trabajaba allí?

Si. También está relacionado con matar estudiantes porque mi madre estaba asociada con el trabajo de la universidad, compañeros de trabajo, mujeres, y tuvo una posición muy fuerte y violentamente abierta contra los hombres durante gran parte de mi infancia.

Mi madre fue una mujer enferma, iracunda, hambrienta e infeliz. La odiaba, pero quería amar a mi madre. Entonces vi el aumento del consumo de alcohol, vi su vida social derrumbarse, la vi volverse extraña.

Tenía un daño terrible de su vida, de su vida pasada. Su matrimonio fallido con mi padre. Soy un constante recordatorio de ese fracaso. Odio tener que sintetizarlo en una sola palabra ya que son muchos factores que conducen para que uno haga ese tipo de cosas pero sucedió.

Ellas no representaban lo que era mi madre, pero sí lo que ella quería, lo que protegía, lo que era importante para ella y yo lo estaba destruyendo.

¿Por qué las asesinabas?

Mi frustración por la incapacidad de comunicarme con ellas, tanto social como sexualmente. No era impotente, pero emocionalmente sí lo era.

Estaba muerto de miedo en solo pensar en fracasar en las relaciones hombre – mujer. No sabía absolutamente nada de ese tema. Incluso si solo se trataba de sentarte y hablar con una joven señorita. Necesito ser capaz de realmente comunicarme con ellas e irónicamente por eso comencé a recoger gente.

Y estoy recogiendo mujeres jóvenes y cada vez voy un poco más lejos. Es algo atrevido. Las primeras veces no había un arma. Estoy conduciendo e iríamos a un lugar vulnerable donde no hay gente observando  y podría yo actuar y decir “no”, “no puedo”.

Y luego una pistola está en el auto, está oculta y anhela este horrible, furioso y hambriento sentimiento interior. Pude sentirlo consumiendo mi interior, esta pasión fantástica me estaba agobiando.

Era como las drogas, como el alcohol… un poco no es suficiente al principio y a medida que te adaptas psicológica y físicamente, tomas cada vez más y más y más. Es el mismo procedimiento.

Finalmente llego a la conclusión que sí me atrevo a sacar el arma. Ya usted se da cuenta de que si el arma sale, algo va a suceder. Iba a ocurrir. No lo vi, pero iba a ocurrir. Estaba jugando a un juego peligroso con un arma cargada que nos dieron a todos.

En una ocasión, Kemper recogió a dos compañeras de cuarto de Berkeley.

En el primer asesinato en mayo de 1972 mostré directamente el arma cuando la usé por primera vez. La tenía debajo de la pierna, fuera de mi vista, paralela a la otra en el asiento. Era algo que había sido fantaseado, actuado, sentido cientos de veces antes de que sucediera.

Kemper las llevó a punta de pistola a una zona aislada cerca de un parque a una de ellas, la llevó al bosque, dejando a la segunda joven atada en el auto.

Pasé por una experiencia horrible con su compañera de cuarto mientras estaba apuñalándola y estaba en shock porque no podía creer que fuera así y retrocedo desconcertado.

Tengo que matarla, no puedo dejarla ir, ella les dirá y todo el mundo vendrá a atraparme. Ella ve la sangre en mis manos ¿qué estas haciendo? Retrocedió y jadeó. Y pienso “Oh, no quiero que sepa lo que pasó”.

Le dije que su amiga me había insultado. Se había pasado de lista, pero nunca le pegué. La maté, pero no lo hice.

Dije: “tu amiga me insultó y la golpeé. Creo que le rompí la nariz, será mejor que le ayudes” Está a punto de morir.

Cuando la ataqué, al principio no se dio cuenta de lo que estaba pasando. Llevaba un overol muy grueso. La golpeo justo en la tapa del auto pero el cuchillo no atravesó la ropa así que no era uno bueno después de todo cuando lo compré en una casa de empeños y yo seguí atacándola sin pensar.

Ella vuelve a caer en el maletero. Acabo de matar a una joven mujer. Cerré la puerta del maletero. Está muerta. Está muriendo. Y entré en pánico.

Pensé que había dejado las llaves del auto dentro ya que no puedo encontrarlas en mi bolsillo. Oh Dios las dejé dentro del maletero. Estoy tirando la puerta del maletero y tirando de ella. ¡Oh no, no puedo creer esto!

Empecé a correr y me tropecé con el arma que tenía en los pantalones que había olvidado que estaba allí. Me detuve y creo que volví a mis cabales. “Revisa todos tus bolsillos”. Recogí el arma y lo puse en mis pantalones, recién recordando que llevaba uno puesto. Revisé todos mis bolsillos y las llaves estaban en el bolsillo trasero. Nunca las puse ahí.

Pensé que era muy astuto y cuando me había quitado de encima los dos primeros asesinatos en las primeras 24 horas hubo tres ocasiones clave en las cuales pude ser atrapado, pero no fue así ya que o tres personas distintas o tres grupos diferentes de personas se asustaron y pensaron en sus propios asuntos y miraron para otro lado.

A pesar de las advertencias de la policía sobre el autostop y el aumento en el horario de los autobuses en el campus Kemper no tuvo problema en recoger autoesopistas. Irónicamente se aconsejaba de solo tomar autos que contasen con el sticker de la universidad. Kemper tenía una en su auto.

Mi madre trabajaba en el campus y yo tenía un sticker en mi auto, un obvio acceso de día y de noche al campus.

Recogía a bella señoritas. ¿Sabes de lo que hablábamos, casi tan a menudo como no, mientras conducía? “Este tipo va por ahí haciendo esas cosas” y en el momento en que hablaban de ello, no se daban cuenta que estaban recibiendo un viaje gratis.

No podría tocarlas ni con un palo de 10ft, te lo juro. Ya sabes, me estaban contando todo sobre ese sujeto a base de especulaciones y rumores sobre cómo se porta. “¿Por qué está haciendo ese sujeto estas cosas?”, ellas hablándome de ello.

Entonces, ¿cómo es que se suben a un auto con alguien en ese momento?

Me juzgó y su veredicto fue que no era ese sujeto. Yo no lo parecía.

Cada vez era más fácil de hacer. Estaba mejorando en ello. Me estaba volviendo menos detectable. Empecé a presumir de ello. Cortando una cabeza humana, dos de ellas por la noche frente a la residencia de mi madre con ella dentro.

Mi vecino está en el piso de arriba, se le ve cuando se abren las cortinas. A las 11 de la noche las luces están encendidas. Todo lo que tienen que hacer es caminar con cuidado, y yo ya lo he hecho.

¿Por qué te quedabas con las cabezas? ¿Por qué las cortabas y las guardabas?

Es algo de mi infancia. Puedo explicarlo con un suceso: mi padre cortando las cabezas de dos gallinas que eran nuestras mascotas y mi madre insistiendo en que me lo coma para la cena. Tú sabes. Se podría decir que era algo tan simple.

No creo que fue así. Ahora mi padre sale con un hacha. Subí a mi bicicleta y salí. Intenté detenerle. Recuerdo eso. Manejé la bicicleta alrededor de la cuadra. Estaba llorando. No he hablado de eso durante muchos años. Estoy seguro de que eso pudo haber establecido algo que fue real pero dentro de los límites de la fantasía y que tomó muchos años de desarrollo para que pueda salir de esos límites.

¿Cómo es posible que en un minuto tengas la cabeza de alguien en tu mano y después …?

He estado viviendo en una fantasía, eso se relaciona con esa cabeza cortada. Cinco minutos después la dejé de un lado, llaman a la puerta, lo escondía, abría la puerta, y la arrendadora estaba allí y hablábamos.

¿Hablar de qué?

De la realidad. De la suya, no de la mía. Algunos se vuelven locos en ese punto. Lo sentí, fue un gran golpe. Quiero decir que en un golpe no sabía donde estaba para subir las escaleras con un bolso que había pertenecido a una mujer joven con una cabeza cortada dentro.

Yendo hacia mi apartamento, me topé con una feliz pareja de jóvenes bajando las escaleras quienes asintieron y sonrieron al verme “Buenas noches”. Van a salir a una cita. Oh me encantaría ir y soy consciente de estas dos realidades, y la distancia entre ambas es tan abismal, tan impresionante, tan violenta que realmente pude sentir el sonido de la perilla girar e imagino que en ese momento la gente simplemente enloquece. La diferencia es que yo no enloquecí, no me perdí.

En todo ese tiempo, Kemper pareció ser un ciudadano normal. Incluso pasaba el tiempo en un bar ubicado al otro lado de la calle del Juzgado, entablando amistad con policías, tratando de obtener información.

Me compraban una cerveza, yo a ellos también. Relaciones informales y es allí donde hurgaba un poco, tratando de averiguar algo. Sabía que no estaban al tanto de todo pero había algunas cosas que me fastidiaban como si hubiese algún rumor de cómo estaban muriendo.

¿Le caías bien a la policía?

Como dije antes, una amistad fastidiosa. Me metía en la investigación y eso fue a propósito. Otra vez amistades fastidiosas intencionales.

¿Cómo tenías el conocimiento para ser más listo que la policía?

Mirando televisión. Lo creas o no. Joseph Wambaugh “Police Story”. Obtuve algunas ideas tremendas de ello y no solo trucos, cosas reales, esas cosas que eligen para sus procedimientos. Detrás de todo eso está como verdaderamente funciona todo en la vida real. La lógica detrás de todo ello. No me permitía ni siquiera caer en el error de preguntar mucho. Y justamente de eso se trataba. Iniciando conversaciones sobre eso.

Hubo una ceremonia conmemorativa para dos de las víctimas. ¿Intentaste ir?

Sí. Pero había visto tantos episodios donde eso era un recurso para una pista. Rastreando a los asistentes, captar a un hombre que está tomando fotos de la gente, tomarlo como un posible sospechoso.

Algún departamento de policía se dirigió a tu casa para recoger un arma.

Representantes del Sheriff. Uno de los detectives estaba molesto porque oyó que tenía una pistola Magnum 44 y que fui un convicto.

Vinieron a llevárselo y el arma terminó con él junto al sargento detective. Ellos estaban viendo las casas equivocadas pues estaban al otro lado de la calle y yo estaba al lado del auto, de pie junto al arma, en el maletero.

Vinieron hacia mí y uno me preguntó: “Disculpe señor, ¿sabe quién vive en esta casa de enfrente?”. “Bueno, esta es Harriet 609”. Volvieron a cruzar la calle, yéndose a la casa 609. Me estaban buscando y ni siquiera lo sabían.

Malas noticias. En fin, entramos a mi casa para que le preguntaran a mi madre sobre la otra casa y le dije: “Hey, ¿Qué 609 están buscando?” y ellos dijeron “¿tú eres Ed Kemper?”. Sí. Y así continuó.

Necesitaba encontrar lo que ellos estaban buscando: el arma homicida, la automática 22 o la Magnum 44 y no quiero decirles que tengo un montón de armas.

Así que hice un comentario solo para diferenciarlos y sugiero una pequeña pistola, y uno de los dos respondió: “una Magnum 44”. Eso espero, pensé. Y fue como “uff, genial, porque la automática 22 está cargada y se encuentra debajo del asiento delantero en mi auto y eso garantiza que me arresten de inmediato y la Magnum 44 está en el maletero”. Olvidé eso. Los llevé dentro de la casa, entramos en mi habitación, las puertas del armario se abrieron y, pues, tengo un rifle de alta potencia con un visor.

Tenías otras cosas en la casa, ¿no?

Si, tenía los objetos personales y las identificaciones de las dos últimas estudiantes que habían sido asesinadas unos dos meses atrás justo al lado de armas en el armario en una caja.

¿Podrían haberlo visto?

No. Pero cuando me arrestaron por tener todas esas armas y revisaron todo el armario para verificar si había más pistolas o algo parecido no pudieron verlo: no pudieron ver la cartera, una mochila y las tarjetas de identificación que pertenecían a las dos últimas víctimas.

Retrocedo y digo: “disculpen, acabo de recordar algo”. Entonces, explicando a lo que me refería, mi mano retrocede, y así, saldríamos fuera. Ellos pensarían: “Vaya, este es un sujeto muy amable y servicial”.

¿Kemper pudo haber seguido después de incluso finalizar su carrera criminal?

Kemper dijo que sí. Dijo que podrían haber seguido adelante, que tenía la fantasía de matar a docenas de personas más, que quería dejar un montón de cadáveres por todo el país, más, de un momento a otro, cogió el teléfono y se entregó. Dijo que era hora de detener los asesinatos. En su caso dijo públicamente que era su madre a quien mataba todo el tiempo y que, cuando la mató realmente, significaba el fin de todo. Es una observación psicológica muy profunda de si mismo y puede ser muy precisa.

Era primavera. Era abril. No había matado durante dos meses. Me dije “ya no va a pasar más, chicas”. Esto es entre mi madre y yo, y, pues, eso va… no puedo alejarme de ella, aún estamos peleando, sigue menospreciándome.

Soy como una marioneta en una cuerda y la entretengo. Conoce cómo controlarme y yo bailo como una marioneta, con ese dolor. Incluso se había vuelto algo físico, pues en una ocasión la tomé y la arrojé contra su cama tratando de enfatizar un punto en el cual ella… estaba amenazando con matarla.

Entonces aquí estoy recogiendo a esas dos jóvenes de Berkeley en la avenida Ashbee. Una tiene flores en su mano, pequeñas muñequitas. Llevan puestos vestidos de abuelita y hacen autostop. Un par de verdaderas expertas. Quiero ver si puedo resistir a esta tentación.

Y ellas se suben en mi auto. Quieren ir por un lado, sé que necesitan ir por el otro. Si siguen así me están insistiendo que vaya por donde fueron asesinadas las dos primeras chicas y me digo “Oh por Dios, todo lo que tienes que hacer es relajarte, y ellas me llevarán a su muerte”.

Tengo el arma en el auto, la misma con la que lo he estado haciendo. Insistí. Y con la mayor delicadeza posible, las llevé donde tenían que ir: a su universidad. Eso fue una semana antes de que asesinara a mi madre.

Dije: “ella tiene que morir y yo tengo que morir o chicas así van a morir”. Y ahí fue cuando decidí que iba a matar a mi madre. Sabía que una semana antes de morir iba a matarla.

Se fue a una fiesta, se emborrachó, volvió a casa y se fue a dormir. Eso me despertó. Salí, me acerqué hasta su cama. Ella estaba leyendo un libro de bolsillo, tantas veces como miles de noches anteriores y ella dijo “Oh, supongo que vas a querer sentarte toda la noche y hablar ahora…” Mierda. La miré y le dije “no”, buenas noches.

Y sabía que iba a matarla ¿entiendes? Estoy tan frío y con mucha adrenalina y es la primera vez en diez años que lo veo de esa manera.

Quiero decir que es tan intenso, que honestamente duele, porque no soy una lagartija, no vine de una roca, salí de su vagina. Salí de mi madre. Y en un ataque de ira volví dentro.

Por siete años me dijo: “no he tenido sexo con un hombre por tu culpa, mi hijo asesino”. Es uno de nuestros argumentos.

Le corté la cabeza, y yo, humillé su cadáver.

Es un desafío, ¿entiendes? Seis mujeres jóvenes mueren por la forma que ella cría a su hijo y la forma en que su hijo es criado, la forma en la que él crece. ¿Y cuales son sus palabras finales? “Supongo que quieres quedarte toda la noche despierto y hablar”. Dios, yo… ojalá lo hubiera hecho.

Tu abuela y su nuera, tu madre, fueron dos mujeres muy importantes en tu vida y mataste a ambas ¿Podrías decirnos cómo fue que las llevó al mismo destino?

Lo mismo que les impedía ser amigas. Eran mujeres agresivas y matriarcales. Habían sido hijas de mujeres matriarcales muy fuertes. Aún amaba a mi madre y es difícil para alguien comprender que mataste a tu madre por amor. No es un proceso racional, es un proceso muy doloroso, no es racional, y todavía tengo que vivir con eso.

¿Por qué te entregaste?

Tenía que parar. Tenía que parar una vez que mi madre muriera. Es casi un proceso catártico en ese momento.

Me enfermé físicamente en ese instante, cuando ella murió, cuando la asesiné. Y una vez que ella murió no había manera de volver atrás.

Miles de veces vi que estaba equivocado. Solía emborracharme y sentarme frente al departamento del Sheriff en un pequeño estacionamiento al otro lado de la calle. Me siento ahí y digo “oh, todavía no puedo”.

Las puertas suenan, todavía puedo oírlas. No, porque nunca volverán a abrirse. Así que racionalizo que rendirse sería algo insensato.

Rendirse sería una locura. Estaría regalando mi libertad y no necesito hacer eso. Pero miro hacia atrás y desearía haberlo hecho antes, cuando me decía esas cosas a mi mismo.

Esas personas que murieron después no serían el arrepentimiento que vino más tarde. Esas personas, no cosas, todavía estarían con sus familias, junto a sus seres queridos, tendrían sus propias familias. Si tuviera la valentía de tomar esa decisión en lugar de acorralarme a mí mismo.

¿Dónde estarías si nunca te hubieras rendido al impulso de asesinar?

¿Dónde podría estar si mi libertad condicional hubiese sido concedida? Creo que me casaría, tendría hijos. Me estaría dirigiendo hacia mis primeros nietos.

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